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20 de octubre de 2010

Las Antorchas del Diablo-historias de GIPMO

Historias del grupo GI.P.M.O                        http://gipmo.blogspot.com
Las Antorchas del Diablo

 

Retrocedamos, una vez más, a esos años mozos sobre tierras azuayas. Dirijamos nuestra atención a ese periodo comprendido entre las décadas 60´s, 70´s y 80´s, en donde era casi habitual sentirse inmerso en ambientes desbordantes de fenómenos curiosos y hechos que, hasta el día de hoy, conforman las amarillentas páginas de la historia de la Cuenca de antaño.

Así como el caso de los gagones, en la Cuenca antigua se han dejado apreciar un sinnúmero de manifestaciones ilógicas que han dejado una huella imborrable en sus testigos; fieles espectadores de las escenas más rocambolescas y truculentas jamás vividas.

Uno de esos fenómenos o hechos que marcaron la ruta del misterio por estos lares es el de “Las Antorchas del Diablo”. Este fenómeno –como el extenso listado de sucesos misteriosos que han confluido dentro de esta misma casuística- ha sido muy común en lugares periféricos de la ciudad; pero, no solamente ha sido evidente dentro y fuera de la urbe cuencana de aquellos años, también en poblados cercanos a ella, como son: Gualaceo, Azogues, Girón, Yunguilla, etc.

El fenómeno podría describirse de la siguiente manera:

-Manifestaciónes –comunmente visibles en sitios apartados de zonas pobladas- de lenguas de fuego (de ahí viene la designación, moldeada bajo el apelativo de “antorchas del diablo”), que aparecían de la nada y recorrían ciertos palmos sobre los terrenos, permaneciendo inmóviles hasta que llegaban a desaparecer introduciéndose en algún peñasco o montículo de tierra. En otras ocasiones simplemente se desplazaban hasta difuminarse conforme avanzaban en su ruta.

-Casi siempre han sido descritas como: lenguas de fuego, las mismas que no emitían chispas, como sería lo habitual en el avistamiento de este tipo de fenómenos incandescentes. Más bien poseían uniformidad en su contorno, siendo comparadas a “serpientes” de fuego –por su semejanza en la forma a este tipo de ofidios-, cuyas trayectorias sobre parcelas o caminos tenían una duración limitada, siendo de pocos segundos hasta algunos minutos en ocasiones.

Yunguilla ha sido una zona privilegiada del Austro ecuatoriano en este tipo de manifestaciones; es así como desde el año 1982 a 1984, se han registrado interesantes testimonios sobre “fuegos” que hacían sus travesías sobre las moliendas de caña de azúcar del sector (dicho zumo es muy utilizado para la preparación del tradicional guarapo, al que se le suele adicionar licor de punta para obtener una bebida alcohólica muy dulce); posterior a eso se llegaban a extinguir luego de realizar movimientos vertiginosos.

Estas luminarias han sido asociadas a la antorcha que portaría el maligno porque, en varias ocasiones, éstas han llegado a perseguir a sus víctimas por los pastizales con el objetivo, según se dice, de causarles sustos de muerte y provocarles estragos psicológicos, objetivo que, únicamente, perseguiría el mismísimo demonio, decían.

De igual manera resulta sorprendente los numerosos avistamientos de estas luces por el tramo vial que conecta Cuenca con el sector de El Descanso (ubicado a 15 minutos de dicha ciudad y asentada en la vía que comunica los poblados de Azogues, Gualaceo, Biblián, entre otros), en donde han sido reportados varios encuentros con luminarias salidas de la nada, las mismas que, por azares del destino, han llegado a manifestarse justo en el momento en el que una o varias personas transitaban por aquellos pagos. Cruzando la vía, ó, simplemente deslizándose entre los árboles que tapizan este bello paisaje, se lograban verlas, emitiendo destellos de corta duración y, al poco rato, desapareciendo por la espesa maleza.

El mismo fenómeno se dio por otros agrestes lugares en donde el destino enigmático fijó, nuevamente, su huella. Esta vez sobre el tramo de la vía, previa a la entrada a Gualaceo, en donde pequeñas luces (algunos lo describen como el fuego que produce una vela) deambulaban por los terrenos cambiando de intensidad a cada palmo que lograban cubrir. “A veces se les veía más encendidas y vivas que en otras ocasiones, incluso había momentos en los que cambiaba de intensidad de una manera intermitente: se apagaba, se encendía, se volvía a apagar…, y así”, aseguraban quienes se habían enfrentado a esa clase de avistamientos.

Resulta interesante y oportuno hacer hincapié en un hecho sobrenatural desarrollado por estas mismas tierras, en donde testigos y moradores habrían llegado a observar la secuencia de materializaciones que habrían descrito algunas aves, tales como: gallinas, gallos, pollos, y hasta huevos. Estos animales habrían tenido una inusual característica: su brillantez extrema; llegando a deslumbrar como el oro bruñido. Estas criaturas sobrenaturales habrían tenido, como escenario habitual para su observación, el interior de las casas de los pobladores de este rincón azuayo. Entidades que salían a la luz, muy parsimoniosamente, de entre los enseres domésticos, para terminar desapareciendo al atravesar algún muro o pared cercana.

El asombro no se hacía esperar, dejando a las víctimas de estos episodios inauditos, con sus rostros desencajados. Se menciona algunos intentos por intentar atraparlos, pero, para sorpresa de sus captores, éstos terminaban esfumándose a pocos pasos de ser alcanzados.

Estos hechos sobrenaturales han sido harto frecuentes por las lejanas fechas que mencioné al inicio de este artículo. Como si aquellos años hubieran sido los decisivos para que estos quiméricos acontecimientos lleguen a producirse y evidenciarse en toda su dimensión.

Retrocedamos, una vez más, a esos años mozos sobre tierras azuayas. Dirijamos nuestra atención a ese periodo comprendido entre las décadas 60´s, 70´s y 80´s, en donde era casi habitual sentirse inmerso en ambientes desbordantes de fenómenos curiosos y hechos que, hasta el día de hoy, conforman las amarillentas páginas de la historia de la Cuenca de antaño.




Así como el caso de los gagones, en la Cuenca antigua se han dejado apreciar un sinnúmero de manifestaciones ilógicas que han dejado una huella imborrable en sus testigos; fieles espectadores de las escenas más rocambolescas y truculentas jamás vividas.




Uno de esos fenómenos o hechos que marcaron la ruta del misterio por estos lares es el de “Las Antorchas del Diablo”. Este fenómeno –como el extenso listado de sucesos misteriosos que han confluido dentro de esta misma casuística- ha sido muy común en lugares periféricos de la ciudad; pero, no solamente ha sido evidente dentro y fuera de la urbe cuencana de aquellos años, también en poblados cercanos a ella, como son: Gualaceo, Azogues, Girón, Yunguilla, etc.




El fenómeno podría describirse de la siguiente manera:




-Manifestaciónes –comunmente visibles en sitios apartados de zonas pobladas- de lenguas de fuego (de ahí viene la designación, moldeada bajo el apelativo de “antorchas del diablo”), que aparecían de la nada y recorrían ciertos palmos sobre los terrenos, permaneciendo inmóviles hasta que llegaban a desaparecer introduciéndose en algún peñasco o montículo de tierra. En otras ocasiones simplemente se desplazaban hasta difuminarse conforme avanzaban en su ruta.




-Casi siempre han sido descritas como: lenguas de fuego, las mismas que no emitían chispas, como sería lo habitual en el avistamiento de este tipo de fenómenos incandescentes. Más bien poseían uniformidad en su contorno, siendo comparadas a “serpientes” de fuego –por su semejanza en la forma a este tipo de ofidios-, cuyas trayectorias sobre parcelas o caminos tenían una duración limitada, siendo de pocos segundos hasta algunos minutos en ocasiones.




Yunguilla ha sido una zona privilegiada del Austro ecuatoriano en este tipo de manifestaciones; es así como desde el año 1982 a 1984, se han registrado interesantes testimonios sobre “fuegos” que hacían sus travesías sobre las moliendas de caña de azúcar del sector (dicho zumo es muy utilizado para la preparación del tradicional guarapo, al que se le suele adicionar licor de punta para obtener una bebida alcohólica muy dulce); posterior a eso se llegaban a extinguir luego de realizar movimientos vertiginosos.




Estas luminarias han sido asociadas a la antorcha que portaría el maligno porque, en varias ocasiones, éstas han llegado a perseguir a sus víctimas por los pastizales con el objetivo, según se dice, de causarles sustos de muerte y provocarles estragos psicológicos, objetivo que, únicamente, perseguiría el mismísimo demonio, decían.




De igual manera resulta sorprendente los numerosos avistamientos de estas luces por el tramo vial que conecta Cuenca con el sector de El Descanso (ubicado a 15 minutos de dicha ciudad y asentada en la vía que comunica los poblados de Azogues, Gualaceo, Biblián, entre otros), en donde han sido reportados varios encuentros con luminarias salidas de la nada, las mismas que, por azares del destino, han llegado a manifestarse justo en el momento en el que una o varias personas transitaban por aquellos pagos. Cruzando la vía, ó, simplemente deslizándose entre los árboles que tapizan este bello paisaje, se lograban verlas, emitiendo destellos de corta duración y, al poco rato, desapareciendo por la espesa maleza.




El mismo fenómeno se dio por otros agrestes lugares en donde el destino enigmático fijó, nuevamente, su huella. Esta vez sobre el tramo de la vía, previa a la entrada a Gualaceo, en donde pequeñas luces (algunos lo describen como el fuego que produce una vela) deambulaban por los terrenos cambiando de intensidad a cada palmo que lograban cubrir. “A veces se les veía más encendidas y vivas que en otras ocasiones, incluso había momentos en los que cambiaba de intensidad de una manera intermitente: se apagaba, se encendía, se volvía a apagar…, y así”, aseguraban quienes se habían enfrentado a esa clase de avistamientos.




Resulta interesante y oportuno hacer hincapié en un hecho sobrenatural desarrollado por estas mismas tierras, en donde testigos y moradores habrían llegado a observar la secuencia de materializaciones que habrían descrito algunas aves, tales como: gallinas, gallos, pollos, y hasta huevos. Estos animales habrían tenido una inusual característica: su brillantez extrema; llegando a deslumbrar como el oro bruñido. Estas criaturas sobrenaturales habrían tenido, como escenario habitual para su observación, el interior de las casas de los pobladores de este rincón azuayo. Entidades que salían a la luz, muy parsimoniosamente, de entre los enseres domésticos, para terminar desapareciendo al atravesar algún muro o pared cercana.
El asombro no se hacía esperar, dejando a las víctimas de estos episodios inauditos, con sus rostros desencajados. Se menciona algunos intentos por intentar atraparlos, pero, para sorpresa de sus captores, éstos terminaban esfumándose a pocos pasos de ser alcanzados.


Estos hechos sobrenaturales han sido harto frecuentes por las lejanas fechas que mencioné al inicio de este artículo. Como si aquellos años hubieran sido los decisivos para que estos quiméricos acontecimientos lleguen a producirse y evidenciarse en toda su dimensión
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Por Esteban Coronel

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